Miopes

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lunes, 12 de septiembre de 2011

Tengo algo que deciros: Las balas perdidas de Özpetek

7/10
Ferzan Özpetek (Estambul, 1959) es un director de cine de ésos, digamos, de etiqueta. Quiero decir que sus películas tienen unas características perfectamente reconocibles, una película de Özpetek no va a sorprender a quién ya ha visto sus obras anteriores, eso sí, seguramente le va a gustar. Eso no creo que sea ni malo ni bueno, simplemente es algo que todos los directores querrían tener, una señal de identidad, incluso los inclasificables. Sus temas más recurrentes son el amor y el sexo, en todos sus ámbitos. Las relaciones interpersonales y cómo nos afectan: familia, amigos, sociedad...etc. También la búsqueda de una identidad, a veces enfrentándose directamente a todos los estereotipos. Todo ello a través de la comedia, no la romántica clásica ni mucho menos, más bien una dramática que te lleva por diferentes estados de ánimo. Desde mi punto de vista muestra una Italia que lucha por su modernidad con los fantasmas de un pasado claustrofóbico, socialmente hablando. El qué dirán y las apariencias contra la libertad de cada uno. La sexualidad como arma arrojadiza, a veces como un boomerang que se vuelve contra uno mismo. Todo eso y mucho más es Özpetek. Y casi todo lo anterior se puede encontrar en Tengo algo que deciros (Mine Vaganti, 2010): una comedia de enredo que se vuelve drama familiar.

No sé si os gusta la comedia italiana. La actual, quiero decir. Es fácil encontrar en los espectadores italianos las mismas opiniones que nosotros los españoles podamos tener de nuestro propio cine. Críticas y críticas y críticas. La consideración que se tiene de la cultura popular italiana dista mucho de la francesa, tan ensimismados a veces en su propio mundo que no son capaces de entrar en el de los demás, salvo notables excepciones. En parte puede ser un complejo de inferioridad frente a los americanos, en parte un rechazo a la imagen que se nos presenta  de nuestra sociedad, demasiado idealizada. Las casas en las que viven los protagonistas, los trabajos que tienen, las relaciones amorosas e incluso sexuales no se ajustan a nuestra visión del mundo. Es una película, de hecho aceptamos todo eso en proyectos de otras latitudes sin hacernos demasiadas preguntas, pero aún así nos gustaría reconocernos más de lo que lo hacemos. Queremos que el producto patrio sea o hiperrealista o surrealista. Aunque no soy demasiado seguidor del cine español, un poco más del europeo, sí creo que nuestro juicio es mucho más severo con nuestras producciones. No nos los creemos, vaya. 

Todo lo anterior se me viene a la cabeza cuando empiezo a ver esta cinta del director turco afincado en Italia desde hace ya más de treinta años. El trailer, equívoco, te lleva por los caminos de la comedia disparatada de enredo. Tomasso (Riccardo Scamarcio) es el hijo de Vincenzo Cantone, dueño de una importante fábrica de pasta que exporta a todo el mundo. Ha engañado Tomasso a su familia en muchos aspectos, primero no ha estudiado económicas en Roma, sino literatura. No quiere seguir con el negocio familiar, como intenta hacer su hermano Antonio, quiere ser escritor. Y es gay. Esa noche hay una importante cena familiar, momento elegido para soltar todas esas verdades que ya ha confesado a Antonio. En el momento en que Tomasso pide la palabra, Antonio se le adelanta y confiesa su homosexualidad. Al padre casi le da un infarto  y lo echa de casa, de la empresa y de la vida familiar. Tomasso queda perplejo y sin palabras. En los siguientes días cuida a su padre y no se ve con fuerzas de confesar a su padre que él es también gay. Nadie parece entender a Antonio, excepto la abuela (Ilaria Occhini) y una excéntrica amiga de familia, Alba (Nicole Grimaudo). La historia se va complicando y nos da además, pequeñas pinceladas de la historia familiar, con la abuela de protagonista. 

El mensaje más claro que quiere darnos esta película de Özpetek es que cada uno tiene que tener derecho a amar a quién quiera, tiene que tener derecho a equivocarse. No sólo habla de libertad sexual, habla de elegir su propio camino y que las circunstancias no te condicionen si tú no quieres. Esas son las balas perdidas del título, aquellos que no siguen el camino pactado por los demás. Esa comedia que parece prometer esta cinta se queda en un drama mediterráneo plagado de referencias a la familia en ese contexto social. En realidad, la trama nos va llevando por estos dos géneros a lo largo de todo el metraje. En un momento dado, Antonio le echa en cara a Tomasso su falta de compromiso. Plantea entonces otra pregunta: ¿somos moralmente libres de elegir nuestro camino sin contar con nuestra familia o simplemente con aquellos con los que queremos compartir nuestra vida? ¿Elegimos libremente o eso no es más que una muestra del egoísmo humano, nuestra visión antropocéntrica del mundo? "Mine vaganti" no es perfecta, pero es cierto que nos quiere hacer reflexionar sobre muchos aspectos de nuestra vida, aspectos supuestamente banales en algunos momentos, pero que son los que nos quedan al
final. Los actores pecan en ciertos momentos de sobreactuación, muy estereotipados con situaciones absurdas que poco tienen que ver con la línea general del film. El protagonista Riccardo Scamarcio es uno de los actores italianos más reputados. Sin duda es muy atractivo, sus ojos transmiten lo que el resto del cuerpo no. Sus personajes se parecen demasiado entre sí, cargados de dudas que no son capaces de definirse. Aquí no está especialmente bien, aunque lleva todo el peso de la película. Creo que lo que puedo achacar es una falta de carisma. Nicole Grimaudo sería la otra protagonista. Un descubrimiento. Su presencia en escena resulta de lo más positivo del film. Tiene algunos momentos brillantes, como sus confesiones con Tomasso, mostrando sus sentimientos a pesar de su aparente frialdad. Ilaria Occhini es el verdadero hilo conductor de la película, su historia de evasión el día de su boda tiene su eco en la crisis familiar que está removiendo los cimientos de los Cantone. El resto de personajes secundarios, incluyendo Marco, la pareja de Tomasso, son más bien comparsas que, salvo contadas, excepciones, no tienen gran protagonismo. Lo mejor de la película es la fotografía. Lecce aparece preciosa como ciudad mediterránea, llena de vida y de secretos. Se juega precisamente con ese tipo de ciudad pequeña llena de chismosos. Hay una escena bastante elocuente de este dato: la madre y la tía de Tomasso y Antonio (y Elena, la otra hermana) se encuentra con los desvergonzados ataques de una vecina sedienta de sangre cotilla. Me recuerda a mi pueblo, me parece tan real....En definitiva, una película media del director de "Le fate ignoranti". Momentos cómicos y otros irrisorios, se mezclan con otros dramáticos y algunos de vodevil. Muy irregular pero de bella factura (y personajes), lo que siempre es un plus, sin olvidar que nos envía un mensaje de independencia y, al mismo tiempo, de respeto. 

P.D. Había olvidado mencionar un gran momento de esta Mine Vaganti, cuando Alba invita a cenar a casa a Tomasso tras un duro día en la fábrica. Alba ha preparado unos suculentos sandwiches que parecen sacados de un Rodilla cualquiera, todo ello aderezado de una botella de vino, que los italianos tienen mucha clase, y mientras tardan una eternidaaaaaaaaaaaad en comérselos se echan miradas penetrantes con la fantástica Pensiero estupendo de Patty Pravo. Por cierto, la música de la película está mejor que bien, a destacar la estupenda Kutlama de la turca Sezen Aksu, poniendo el emotivo broche final a la película. 

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